martes, 9 de marzo de 2010
domingo, 7 de marzo de 2010
Pobres y escritores
En cuanto a los escritores, difícil que les vaya peor que ahora, que cobran como máximo un 10 por ciento de lo que generan en un 90. Los que tengan su público hasta podrán vender sus libros por SMS y acaso ganar buen dinero. Y los que no, seguirán contentos de que alguien los publique y alguien los lea, aunque más no sea en copias piratas por las que acaso no reciban ni un comment de agradecimiento.
Ningún escritor se opone a ganar cuatro o cinco pesos por cada libro vendido, pero no creo que tampoco nadie prefiera esos billetes a tener un lector, que por lo demás no tendría problemas en pagar por lo que lee si no le pidieran cuarenta o cincuenta pesos para hacerlo. La literatura no nació para ser un negocio y tampoco va a morir si deja de serlo, y los escritores igual tienden a ganarse la vida en sus márgenes.
(de la nota de Ariel Magnus a favor del libro digital, publicada en la Revista Ñ del 27/02/10)
Ningún escritor se opone a ganar cuatro o cinco pesos por cada libro vendido, pero no creo que tampoco nadie prefiera esos billetes a tener un lector, que por lo demás no tendría problemas en pagar por lo que lee si no le pidieran cuarenta o cincuenta pesos para hacerlo. La literatura no nació para ser un negocio y tampoco va a morir si deja de serlo, y los escritores igual tienden a ganarse la vida en sus márgenes.
(de la nota de Ariel Magnus a favor del libro digital, publicada en la Revista Ñ del 27/02/10)
viernes, 5 de marzo de 2010
Sólo para Parejas (Couples Retreat)
Ayer se estrenó en las salas porteñas la última comedia de Vince Vaughn, dirigida por el debutante Peter Billingsley. Reconozco que en lo personal siempre me generan expectativas las películas protagonizadas por esa nueva gran generación de actores cómicos integrada por Ben Stiller, Owen Wilson, Vince Vaughn o Will Ferrell. Para ser más claro: me hacen reír y mucho, más allá del mayor o menor contenido que puedan tener los gags de cada film que, al fin y al cabo, fueron hechos para eso nada más, para hacer reír. Y conmigo lo consiguen.Pero en el caso de Couples Retreat, estrenada aquí como Sólo para Parejas, salí bastante desilusionado. Porque la película no se sostiene, Vince se repite mucho (actúa de Vince), los remates son obvios, los chistes chabacanos y la historia se alarga sin muchas risas del espectador.
El argumento nos presenta a cuatro parejas amigas, una de las cuales está atravesando una crisis matrimonial. Me corrijo, en realidad la crisis está omnipresente en todas las parejas, pero hay una sola que se hace cargo o es consciente de ello. Y en su búsqueda de una solución encuentran una especie de club paradisíaco all inclusive en el Caribe, diseñado exactamente para matrimonios con problemas, con terapia de pareja incluida. El tema es que el precio es muy alto, pero se abarata mucho si van varias parejas juntas. Así que allí van a convencer a sus amigos. Y finalmente lo consiguen.
A partir de esta premisa se pueden suceder todo tipo de situaciones y el espectador se embarca en ese viaje con grandes expectativas. Buen escenario, buenos actores (Vince y Jason Bateman) y lindas chicas, todo promete. Pero la cosa se va diluyendo poco a poco, la película termina volviéndose naif e infantil (hay un duelo de guitar hero que no tiene razón de ser) y, por supuesto, acabará a la americanísima potencia. Una especie de American Pie pero con gente más grande y bastante menos inspirada.
Una pena, porque el marco daba para algo mucho más logrado. Con lo que cuesta encontrar una buena comedia. Pero bueno, para pasar el rato, en casa y con helado, puede ir perfectamente. Mientras tanto, habrá que esperar por Greenberg, con Ben Stiller, que dicen que se las trae, cuyo estreno mundial está previsto para el próximo 12 de marzo en Estados Unidos.
miércoles, 3 de marzo de 2010
lunes, 1 de marzo de 2010
sábado, 27 de febrero de 2010
Coldplay llenó River y dejó a todos contentos
Después de tres años Coldplay volvió a presentarse en la Argentina. Pero esta vez, a diferencia del 2007, cuando tocó para unos pocos en el Gran Rex, fue en el mayor estadio de Buenos Aires, a pocos días de levantarse su clausura para recitales y con entradas agotadas. Casi 65.000 personas pudieron disfrutar anoche, a partir de las 9 y cuarto, de 25 canciones entre las cuales no faltó prácticamente ninguno de sus más conocidos hits.El cuarteto británico integrado por Chris Martin (piano, guitarra y voz), Guy Berryman (bajo), Jon Buckland (guitarra) y Will Champion (batería y voz) lució aceitado, como siempre, y muy bien predispuesto con el público de principio a fin. El concierto arrancó con esa especie de obertura instrumental que es Life in Technicolor y siguió enseguida con una batería de clásicos conformada sin solución de continuidad por Violet Hill, Clocks, In my Place y, por supuesto, Yellow. Apoyada en un sonido perfecto y una iluminación grandilocuente la banda, enfundada en sus clásicas chaquetas mod, se movió con comodidad y buen humor por el enorme escenario dispuesto en forma simple y con dos extensiones en cada uno de sus lados que luego servirían para una mayor aproximación con el público.
Las pocas gotas que cayeron poco antes del inicio del show no pasaron de allí y la gente pudo corear sin sobresaltos la mayoría de las canciones. Chris Martin, que en eso de interactuar con sus fans es un verdadero maestro, hizo gala de todos sus encantos: desde un impecable estado físico que le permitió correr de una punta a la otra del escenario, hasta sus peculiares bailes -una mezcla entre Bono de U2 y la danza de la lluvia-, todo estuvo presente. Hasta se dio el lujo de intentar una conversación en castellano, que no prosperó y fue desechada por él mismo poco después con toda sinceridad: my spanish is fucking awful, dijo.
La presentación de Viva la Vida en Latinoamérica, que seguirá por Río de Janeiro, San Pablo, Bogotá, México DF, Guadalajara y Monterrey, empezó entonces de la mejor manera. Flanqueados por el cuadro de Delacroix que inspiró la estética del álbum, los músicos crearon un clima perfecto ya desde el vamos, con el bombardeo de hits inicial, clima que a lo largo de la noche sería retroalimentado una y otra vez con globos gigantes, fuegos de artificio y una lluvia eterna de papelitos plateados.
Entre otras canciones que hicieron bailar a todo el mundo, como God Put a Smile in Your Face, Fix You y, sobre todo, Viva la Vida, se tomaron el trabajo de improvisar dos pequeños sets más íntimos a cada extremo del escenario. El segundo de ellos, acústico y bien cerca de la gente (salieron de escena y volvieron a aparecer en un pequeño espacio casi en la mitad del campo) fue tal vez el más peculiar, ya que sorprendieron a la audiencia con una simpática versión de Billie Jean, como homenaje al fallecido Rey del Pop, y con un tema especialmente compuesto para la ocasión llamado Don Quixote que, creer o reventar, incluye el tarareo típicamente argentino de olé, olé, olé.
Cerca del final fue el turno de la poderosa Politik y de Lovers in Japan, momento en el que Martin, que ya se había acostado en el piso y había bailado con la gente haciendo girar una llamativa sombrilla roja de estilo oriental, hizo la ya clásica embanderada demagógica, al tomar una bandera argentina que le alcanzaron del público. Habían pasado casi dos horas, el estadio estaba feliz y todavía faltaban los bises.
Y los muchachos no se hicieron esperar. Solo al piano, Chris le regaló a la gente esa canción preciosa que es The Scientist, para luego cerrar la fiesta con el remix de Life in Technicolor y The Escapist, todo un viaje psicodélico. Un concierto realmente muy agradable, casi perfecto. Como cereza del postre, al salir, el público recibió como regalo Left Right, un pequeño álbum en vivo de la banda, ideal para seguir escuchándola en el viaje de regreso o al llegar a casa.


