martes, 4 de agosto de 2009

Destino: Cañuelas

Poniendo rumbo al Noroeste de la Provincia de Buenos Aires, saliendo por la Ricchieri hasta el inicio de la autopista Ezeiza - Cañuelas, se llega a destino en unos 45 minutos. Luego de la rotonda que aparece no bien acaba la autopista, los 1500 metros que siguen sobre la ruta 205 hasta la entrada a Cañuelas están plagados de parrillas (sobre mano derecha) que ofrecen todo libre a unos $ 40, entre las cuales destaca La Querencia, probablemente la más concurrida y pintoresca. En la glorieta que oficia de acceso a la ciudad se lee un enorme cartel que reza: "Cañuelas: tierra de oportunidades".
Viven allí unas 45.000 personas, sus calles son tranquilas y apacibles, sus casas bajas, abundan las motos y las bicicletas y en los margenes uno se cruza también con los paisanos a caballo. Cañuelas fue bautizada así por los primeros expedicionarios españoles que llegaron e identificaron a la flora de la zona, la espadaña, con una planta silvestre ibérica llamada "escañuela". La urbe fue creciendo poco a poco en torno a la parroquia de Carmen de las Cañuelas (1818) y formalmente fundada en 1822. La iglesia, que comenzó siendo un ranchito de barro y paja, fue finalmente construida en 1866, pero debió ser demolida en 1977. Años después, en 1980, fue reemplazada por una edificación más moderna, aunque afortunadamente se pudo conservar el campanario de la estructura primigenia, por haber sido construido por detrás de la nave.
El ingreso desde la ruta 205 se hace a través de la calle principal: Libertad, que conduce hasta la plaza San Martín, frente a la cual se encuentra la iglesia. Pero vale la pena detenerse en la primera esquina, sobre la ruta, porque allí está el restorán y hotel 5 hermanos fundado por el italiano Emanuel Capistrano, una fonda de las de antes, con sus manteles de hule, donde hacen unas empanadas fritas, de esas que chorrean, que son imperdibles. Como plato fuerte, vale la pena probar cualquiera de las variadas pastas caseras con estofado. Los precios, además, son baratísimos.
Avanzando por Libertad, la calle se va tornando más céntrica a medida que se acerca a la plaza central, con cafés, bancos, comercios y servicios de todo tipo a cada lado. Rodeando la plaza, se ve a la izquierda de la iglesia el palacio municipal (con una réplica de la pirámide de mayo en la esquina) y a su izquierda un bello edificio que alberga a la Escuela N° 1, con una fachada de líneas clásicas realmente imponente. En diagonal, sobre la calle Lara, se halla el cine - teatro Cañuelas, cuya acústica dicen es muy apreciada, que data de 1938 y que alberga la mayoría de las actividades culturales de la ciudad junto a la galería Pedro Peredo. Otros edificios circundantes pertenecen a la Sociedad Italiana, con su fachada de 1890, a la Asociación Vasca, a la sede central del Cañuelas Fútbol Club (que milita en la primera C), a la biblioteca popular Domingo Faustino Sarmiento y al Museo y archivo histórico de la ciudad.
A pocas cuadras del centro, sobre la calle Rivadavia al 400, donde hoy está la escuela 32, estaba emplazada la fonda de Machicotte que, según cuenta la leyenda, era frecuentada por Juan Moreira. Y en Alem y San Vicente se encuentra el bar Los Amigos, de 1942, el único que conserva su estilo, sus muebles y hasta sus bebidas originales. Alejándose un poco más, en el barrio Las Costas, funciona el Polimuseo JC, que recrea una pulpería antigua e ilustra los orígenes de Cañuelas a través de utensilios, muebles, faroles, etc.
Retomando Libertad al dejar la plaza, la calle termina en la estación del tren que también es una belleza. Doblando hacia la izquierda se sale a la ruta 3. Apenas cruzar la vía, justo frente a una estación de servicio, está el restaurante KM 64, otro clásico de la zona, famoso por sus buñuelitos de acelga y cuyas pastas también son deliciosas. Un poco más adelante, cuando los campos verdes empiezan a invadir el paisaje, sobre la rotonda del kilómetro 72 baja un camino de tierra a la izquierda que conduce al Club de Planeadores de Cañuelas, donde se puede hacer un vuelo bautismo por sólo $ 130. Y créanme, vale la pena la experiencia, la paz y el silencio que se encuentran allá arriba no son cosa de todos los días.