viernes, 17 de julio de 2009

Sintomatizate

Me invitaron a la tercera fiesta sintomática. Fue en junio en el Centro Cultural Zas, un espacio realmente amigable y accesible a todos los bolsillos. La entrada sale $ 12. Y en la barra del fondo podés tomar una cerveza de litro a $ 10 o un fernet a $ 12. Y la gente va con ganas. Con ganas de reír, de divertirse, de aplaudir. Público bien predispuesto, ambiente under, cero vecinos quejosos por ruidos molestos o prohibiciones de fumar. El ambiente perfecto. Pero hay que saber de qué se trata desde antes de llegar, eso sí. Porque si uno no está habituado a eventos de este tipo puede vivir la peor de sus pesadillas. ¿Te gusta lo alternativo? ¿Te bancás una danza solitaria? ¿Un teatro titiritero de lo más bizarro? ¿Al hombre orquesta que te lleva puesto con su parafernalia musical? Adelante, estás yendo al lugar indicado.
Una guapísima anfitriona, Julia, te va a hacer sentir como en tu casa desde el minuto cero. Si las mesas están cubiertas, sentate en el piso (a veces hasta es mejor). Desde ahí no te vas a perder nada. En mi caso, la velada abrió con una muy interesante coreografía de Inés Armas (una mezcla de danza y acrobacia), acompañada por el ajustado bandoneón de Marco Sanguinetti. La Compañía Gran Toro Sentado, compuesta por Alejandro Berón Díaz, Mariana Nadaja y Margarita Roncarolo, recogió un montón de aplausos con una performance condimentada con cajitas de música, frases contundentes, melodías chinescas, collages y diapositivas: una suerte de teatro de títeres con reminiscencias del cine mudo. La intervención de Axel Rothbart, una sucesión de luces, carteles y voces en off haciendo eco, dejó la cabeza de la gente llena de preguntas al cierre de esta primera parte.
La voz y la guitarra de Pablo Dacal volvieron a acaparar la atención del público con un puñado de canciones algo sesentosas pero agradables. Florencia Gleizer y Leopoldo de Sarro aportaron otro poco de música y baile, con una especie de danza de la lluvia. Y entre ideas y vueltas hubo sorteos de libros (para mirar bien de cerca: las imperdibles ediciones artesanales de la Editorial Funesiana, porque no tienen desperdicio).
Después de otra pausa, apareció el hombre orquesta: lookeado cual monje shaolin, Rodrigo Gómez le dio forma a su Proyecto Gómez, una tromba unipersonal de música experimental improvisada en escena: porque este calvo multifacético va grabando su propia base ahí mismo, en vivo, frente a la gente. Mete bajo, guitarra, batería, voz, lo que quieras, uno encima del otro. Y el resultado final suena de puta madre. Sinceramente, ver a este muchacho ya justifica el precio de la entrada, porque toca rato largo y no te da respiro, te pasa por encima como un tsunami.
El bonus track: pura fiesta, con López primero y Gómez después (el mismo hombre orquesta) en las bandejas. Todo esto puede durar, si te la aguantás, hasta las 5 de la mañana. La gente, de parabienes, por unos pocos pesos ve algo de danza, otro poco de teatro, un cantautor, una intervención en vivo y a la aplanadora Gómez, bebe hasta el cansancio y se queda a bailar, a ligar, a reventar o simplemente a pasar el rato. No es poco en una Buenos Aires asustada y paranoide por la gripe A.

La próxima Fiesta Sintomática es este sábado 18 de julio a partir de las 21.30 hs. De nuevo en el Centro Cultural Zas (Moreno 2320, frente al Spinetto), con intervenciones de Lansky y Hombres de Blanco (Agustín Repetto y Javier Drolas), la presentación de Mbiras Cuarteto Shonal Magro y Madre Maravilla, danza y música de María Heller/Guido Flichman y Florencia Gleizer/Verónica Mercado. Y si todavía no lo vieron, repite Proyecto Gómez. A no perdérsela.