En la segunda parte, The Dark Night, Batman deberá enfrentarse con un temido Guasón interpretado en forma impecable por el desaparecido Heath Ledger (merecidísimo Oscar). Con la ayuda del teniente Jim Gordon (Gary Oldman) y el fiscal Harvey Dent (Aaron Eckhart), se propone desmantelar las organizaciones criminales que infestan las calles de la ciudad. Pero el archienemigo, compuesto con mayúsculas por Ledger, colocará al protagonista de cara a más de una tragedia que no le resultará fácil afrontar.Esta vez el guión es más sólido y plantea el duelo del hombre murciélago con un Guasón que ha puesto precio a su cabeza, para devolver a Ciudad Gótica la impunidad criminal que supo gozar tiempo atrás. Mientras enfrenta a los mafiosos de turno, Batman deberá asimismo velar por su propia vida y, en especial, por la de su entorno.
La secuencia inicial, toda una declaración de principios, ya nos da la pauta de la bizarra personalidad del Guasón, un temible inmaduro plagado de tics, de complejos de niño y de un humor insano que lo lleva a las acciones más hilarantes.
Muy sólido de nuevo Bale, que tendrá que lidiar no sólo con la brillante encarnación del maltrecho actor australiano, sino también dar batalla a Dos Caras, un fiscal de distrito que, de paladín de la justicia pasará a convertirse en un terrible villano poseído por la venganza, y que encuentra en el actor Aaron Eckhart un dominio perfecto de la bipolaridad de su personaje.
El director vuelve a sorprender, apoyado esta vez en un presupuesto probablemente más amplio, si tenemos en cuenta las distintas locaciones a lo largo y ancho del planeta (desde Hong Kong a Chicago, a lo James Bond) y los, una vez más, logrados efectos especiales.
El final, pesimista e inesperado, dejará al héroe en una especie de cul de sac solitario, convertido en perseguidor perseguido aunque, obvio es decirlo, dejará también una puerta entreabierta que seguramente dará paso a la próxima aventura.