Integrado por su creador Wolfgang Redik (violín), Matthias Gredler (violoncelo) y Stefan Mendl (piano), el Vienna Piano Trio brindó esta noche un concierto exquisito ante un Teatro Coliseo repleto. Es cierto que el programa elegido no pudo haber sido más apropiado, pero el virtuosisimo exhibido en su ejecución por estos tres enormes músicos fue retribuido con interminables aplausos por un público extasiado.La velada comenzó con el Trío all'ungherese en Sol Mayor, de Haydn. Su primer movimiento, Andante, fue transmitido con perfecta armonía y total serenidad, incluso en sus gratos cambios de ritmo, a través de la preeminencia del piano de cola de Mendl. Acto seguido el Poco Adagio brindó, a manos de Redik, un violín plagado de equilibrio, a modo de romanza y, para finalizar, en el último movimiento fue el turno de Gredler de lucir su violoncelo, en un poderoso Rondó all'ungherese mayormente difundido en forma independiente.
El Trío en Sol Menor de Smetana, tal vez la obra menos conocida, constituyó una bellísima sorpresa. De una expresividad conmovedora, su primer movimiento, Moderato assai, comienza con un aire algo fúnebre (el creador compuso esta obra tras la muerte de su pequeña hija Bedriska, a los 4 años), para luego elevarse, como quejándose, y dar paso a distintos solos de violín y piano, que acaban ensamblándose en forma triste pero impecable. El allegro ma non agitato que le sigue, más vivaz y unificado orquestalmente, recuerda a algo de Piazzolla y fue abordado por los intérpretes con un elegante ajuste rítmico. El Presto del cierre, llevado prácticamente al límite, fue guiado por el piano de Mendl, con sus pausas y cambios de ritmo, hasta el clímax, hasta el embate final.
La noche terminó con el Trío en Do Menor, Op. 66 de Mendelsohn, una obra plagada de romanticismo que fue ejecutada de manera excelente por el conjunto. El piano inicial del Allegro energico, arrollador e interminable, confirmó a Mendl como un prodigio. Inmediatamente después, en el Andante espressivo, éste guió con su instrumento, más quedo, a sus compañeros, entablando entre ellos un diálogo perfecto. El Molto allegro, que despertó en la audiencia reminiscencias de "El sueño de una noche de verano" resultó sencillamente maravilloso, con entradas fuertes y vertiginosas. Y el movimiento final, Allegro appassionato, casi poético, confirmó que Mendelsohn siempre estuvo "rodeado de hadas" y que esta vez, los encargados de traerlas a Buenos Aires fueron los integrantes de una agrupación brillante en todos los sentidos: el Vienna Piano Trio.